Vivo mis emociones. Taller Intensivo de Capacitación Docente 2021

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El objetivo de esta primera sesión del Taller intensivo de capacitación docente 2021 es que los maestros identifiquen sus emociones en torno al regreso a clases desde lo individual y lo colectivo, con la finalidad de plantear acciones que les permitan propiciar un reencuentro positivo con todas y todos.

Te compartimos el Anexo 1. “Vivo mis emociones”, SEP, 2021

Hablar de emociones es algo a lo que muchas personas aún no están habituadas, ya sea porque se les enseñó que es algo privado, o porque sigue existiendo en diferentes culturas la idea de que mostrar las emociones propias y hablar sobre éstas es algo que nos hace demostrar vulnerabilidad ante el resto de las personas, o es una práctica que solo se lleva a cabo dentro de un ambiente terapéutico. Lo cierto es que identificar nuestras emociones, demostrarlas de forma adecuada y hablar sobre ellas, son prácticas que contribuyen a mantener nuestra salud mental y las relaciones interpersonales.

Pensemos por un momento en lo que sucede cuando nos preguntan: ¿cómo te sientes?, tendemos a responder “bien”, “mal” o “más o menos”, y dependiendo de la confianza con la persona que lo pregunta, podemos compartir un poco más. Sin embargo, en ocasiones no queremos o podemos hablar de lo que estamos sintiendo pues no logramos identificar exactamente qué es lo que sentimos, no sabemos cómo expresarlo, no tenemos control sobre ello, o simplemente porque aprendimos que no es correcto hablar sobre esto. Si en este momento te preguntas ¿cómo me siento?, ¿qué te responderías?

Pero vamos paso a paso, definamos primero qué son las emociones. Humberto Maturana (1988) menciona que se cree que lo que nos da humanidad y nos distingue de otros animales, es el ser racionales, sin embargo, el definirnos exclusivamente como seres racionales nos hace vivir en una cultura que desvaloriza las emociones y no nos permite ver el entrelazamiento cotidiano entre la razón y la emoción y que constituye nuestro vivir humano. Afirma entonces, que lo humano se constituye por este entrelazamiento y que todas nuestras acciones tienen un fundamento emocional, el cual, contrario a lo que se puede pensar, no es limitante, el conocer y reconocer la base emocional de nuestro actuar nos abre posibilidades de acción y comunicación que pueden enriquecer nuestro estar en el mundo.

Paul Ekman (2003), concibe a las emociones como un proceso, un tipo muy particular de apreciación que se da de forma automática y que es influenciada por nuestro pasado evolutivo y personal, en la que percibimos que algo importante para nuestro bienestar está ocurriendo, por lo que se activa un conjunto de cambios psicológicos y conductas emocionales para afrontar la situación. En otras palabras, nos preparan para lidiar con situaciones importantes sin siquiera tener que pensarlo, ya que se dan de forma espontánea, lo que significa que no escogemos sentirlas, sólo suceden automáticamente.

Las emociones se activan a partir de un acontecimiento o estímulo que puede ser interno, por ejemplo, un dolor de muelas, pensar en una situación determinada, imaginar un logro que nos hace ilusión, etc., y externo (Bisquerra, 2015), como ver discutir a dos personas o que alguien nos abrace y nos diga que nos quiere. Así mismo, la respuesta emocional tiene componentes fisiológicos (sentir el pecho apretado), conductuales (huir ante una situación que provoque temor), cognitivos (pensar que estamos en peligro) y experienciales (evaluar lo que sucede respecto a previas experiencias).

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Emoción y sentimiento ¿son lo mismo?

Como podemos ver, una emoción es una respuesta a cambios que se generan interna o externamente, cuando hablamos de sentimiento, nos referimos a la toma de conciencia de la emoción. Los sentimientos son dirigidos hacia una persona o un objeto, por ejemplo, tenemos amor hacia una persona, rabia hacia alguien más o pena por la pérdida de un objeto con valor sentimental (la guitarra que te regaló tu papá al egresar de la escuela); algunos ejemplos de sentimientos son el amor romántico, la amistad, el patriotismo, etc. A diferencia de una emoción que puede durar desde un minuto a varias horas, los sentimientos pueden tener una larga duración en el tiempo, incluso toda la vida (Bisquerra, 2015).

¿Hay emociones buenas y malas?

Cuando hablamos de las emociones, tendemos a separarlas en positivas y negativas, consideramos como positivas aquellas que nos causan placer y como negativas las que generan displacer, erróneamente hemos aprendido que es mejor no experimentar ni expresar estas últimas, y las hemos etiquetado como “malas”. Vamos a revisar cuál es la clasificación de las emociones, la función que tienen para nuestra vida y si pueden considerarse “malas” o “buenas”.

Lazarus (1991, citado en Bisquerra, 2015), propone la siguiente clasificación de las emociones:

vivo mis emociones

Es importante resaltar que todas y cada una de las emociones son legítimas y hay que aceptarlas y experimentarlas. La clasificación de algunas emociones como “negativas” no es porque sean “malas”, sino que, precisamente, se les asocia con el displacer que ocasionan o con la conducta que algunas personas tienen posterior a experimentarlas (Bisquerra, 2015), por ejemplo, golpear a alguien al experimentar ira, pero esto no tiene tanta relación con la emoción como con la capacidad personal de gestionar de manera adecuada las emociones.

Resistirnos a vivir las emociones negativas puede derivar en afectaciones a nuestra salud emocional, puesto que cumplen con una función muy importante para la adaptación y el ajuste personal, por ejemplo, la ira puede generar respuestas de evitación o de confrontación, la cólera facilita las reacciones defensivas (Chóliz, 2005), el miedo impulsa la huida ante un peligro real o inminente asegurando la supervivencia, la ansiedad nos permite estar vigilantes ante lo que pueda ocurrir, etc. (Bisquerra, 2015).

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Martin Seligman (2003) señala que las emociones consideradas negativas, como el temor, la tristeza y la ira, representan nuestra primera línea de defensa contra amenazas externas, el temor nos alerta que se acerca un peligro, la tristeza nos anuncia que la pérdida es inminente y la ira nos dice que están abusando de nosotros; en términos evolutivos, el peligro, la pérdida y la ofensa representan amenazas para nuestra supervivencia.

Las emociones positivas cumplen también con diversas funciones, la alegría nos permite continuar con nuestros planes (Bisquerra, 2015), la felicidad favorece los vínculos sociales y las relaciones interpersonales, etc. (Chóliz, 2005).

De igual forma, tienen un objetivo fabuloso en la evolución, ya que amplían y hacen más duraderos nuestros recursos intelectuales, físicos y sociales, lo cual aumenta las reservas de las que podemos echar mano cuando nos enfrentamos a una amenaza o una oportunidad. Al mantener una postura más positiva ante las situaciones que se nos presentan, aumentamos nuestro bienestar y las probabilidades de que nuestras relaciones interpersonales prosperen (Fredrickson, 1998, citado en Seligman, 2003). Promueven la salud psicosocial, intelectual y física, y sus efectos permanecen por un largo periodo aún después de que la emoción se ha desvanecido, favorecen la regulación del comportamiento futuro en la persona y son elemento clave en la autorregulación de las propias emociones (Seligman, 2003).

Dicho lo anterior, es importante aclarar que, el hecho de que en tu vida haya un número considerable de emociones positivas no significa que ante una adversidad no experimentarás algún tipo de pesar (Seligman, 2003). La vida no está hecha de blancos y negros, contempla una gama espectacularmente amplia de colores y de claroscuros que en ocasiones nos permiten experimentar alegrías, amor y orgullo, y otras veces ira, enojo o desencanto, la clave está en no evitarlas, es decir permitirnos vivir, identificar y expresar estas emociones, y poder llegar a un estado de plenitud que nos permita elegir, aceptar y comprometernos con la realidad y nuestro entorno tal cual es.

La conciencia emocional, de acuerdo con Bisquerra (2015), es la capacidad de adquirir conciencia de las propias emociones y de las de otras personas, incluye la habilidad para interpretar el clima emocional en una situación determinada. Un aspecto muy importante para el reconocimiento de las emociones es darles nombre, es decir, tener la capacidad de utilizar un vocabulario emocional adecuado y utilizar las expresiones que sean las adecuadas en el contexto cultural para referirse a los fenómenos emocionales (Bisquerra, 2015).

El psicólogo Paul Ekman (2003), después de años de investigaciones realizadas en distintas culturas, llegó a la conclusión de que en todas ellas y en general, las personas experimentamos seis emociones universales y que seguramente te resultarán familiares, sus nombres son: felicidad, enojo, asco, sorpresa, tristeza y miedo. A estas emociones también se les ha denominado como emociones básicas o primarias, y constituyen los elementos fundamentales de la vida emocional.

Para saber en qué consisten, te invitamos a leer sus definiciones:

FELICIDAD

Regularmente surge de experiencias placenteras. Puede utilizarse como equivalente a alegría.

ENOJO

Surge cuando nos vemos impedidos para lograr una meta y/o cuando somos tratados injustamente. En su expresión externa, el enojo puede llegar a ser peligroso, debido a su potencial conexión con la violencia.

ASCO

Surge como un sentimiento de aversión hacia algo que nos resulta ofensivo o insultante. Podemos sentir asco con nuestros sentidos, por las acciones o apariencia de alguien e incluso por las ideas de una persona o grupo de personas.

MIEDO

Surge ante la amenaza de daño, ya sea físico, emocional o psicológico, real o imaginario. Aunque se le ha considerado como una emoción negativa, cumple con una importante función al mantenernos a salvo pues nos moviliza ante un posible peligro.

TRISTEZA

Resulta de la pérdida de alguien o de algo importante. Las causas de la tristeza varían enormemente, de acuerdo al concepto personal y cultural que se tenga acerca de la pérdida. Mientras que la tristeza es considerada una emoción negativa, cumple con la función de señalarnos cuándo necesitamos recibir ayuda o ser reconfortados.

SORPRESA

Surge cuando nos encontramos con sonidos o movimientos repentinos e inesperados. Es la emoción universal de más corta duración (un par de segundos), y su función es enfocar nuestra atención en determinar qué es lo que está pasando y si es o no algo peligroso. Una vez que nos percatamos de qué es lo que está sucediendo, la sorpresa desaparece para dar paso a otra emoción, como miedo, diversión, alivio, enojo, etc., esta va a depender de la situación que haya causado la sorpresa.

Comúnmente, tendemos a identificar y nombrar nuestras emociones utilizando los términos mencionados, pero existe un amplio vocabulario que puede ayudarnos a precisar de mejor forma la emoción que estamos experimentando, por ejemplo, tal vez decimos “tengo miedo” como una descripción básica y general de lo que sentimos, pero, si observamos el siguiente Gráfico de las Emociones, basado en la propuesta de Ekman (2003) quien las agrupa y ordena de acuerdo con la intensidad con la que se experimenta cada una de ellas, notaremos que existe más de una emoción relacionada con el miedo que podría describir con exactitud lo que sentimos en ese momento.

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GRAFICO DE LAS EMOCIONES

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