Tóxcatl, la cruel matanza en Templo Mayor

Tóxcatl, la cruel matanza en Templo Mayor

De la matanza de Tóxcatl dan testimonio dos códices: el Códice Aubin y el Códice Florentino
Laura Islas | UN1ÓN CDMX | 22/01/2018 05:56

La Tóxcatl o fiesta e la sequía, era considerada como la fiesta más importante del pueblo del sol: los antiguos mexicas.

Tóxcatl era una festividad que los mexicas celebraban en honor a sus dioses Huitzilopochtli, Tláloc y Tezcatlipoca, con la intención de conjurar las lluvias necesarias para fertilizar la tierra.

Durante la Toxcatl las guerras estaban absolutamente prohibidas; por el contrario, los mexicas creaban figuras hechas de amaranto en torno a las cuales danzaban durante días. La danza, los cantos y la música eran lo que privaba en esta celebración.

En mayo de 1520, los mexicas alistaban el festejo del Tóxcatl. Semanas antes a la gran México Tenochtitlán había llegado Hernán Cortés con un grupo de conquistadores españoles.

Antes de la Toxcatl, Cortés abandonó México-Tenochtitlán para ir al encuentro de Pánfilo Nárvaez, otro conquistador español que fue enviado a México para capturarlo.

Al frente de los españoles se quedó entonces Pedro de Alvarado, quien estaba convencido de que la Toxcátl era un plan diabólico de los guerreros aztecas, por lo que decidió atacarlos a traición.

En su libro Visión de los vencidos, Miguel León Portilla recupera la narración de la matanza de la Tóxcatl que los españoles perpetraron en el festejo realizado en Templo Mayor.

Pues así las cosas mientras se está gozando de la fiesta, ya es el baile, ya es el canto, ya se enlaza un canto con otro, y los cantos son como un estruendo de olas, en ese preciso momento los españoles toman la determinación de matar a la gente. Luego vienen hacia acá, todos vienen en armas de guerra.

Vienen a cerrar las salidas, los pasos, las entradas: la Entrada del Águila, en el palacio menor; la de Acatl iyacapan (Punta de la Caña), la de Tezcacoac (Serpiente de espejos). Y luego que hubieron cerrado, en todas ellas se apostaron: ya nadie pudo salir.

Dispuestas así las cosas, inmediatamente entran al Patio Sagrado para matar a la gente. Van a pie, llevan sus escudos de madera, y algunos los llevan de metal y sus espadas.

Inmediatamente cercan a los que bailan, se lanzan al lugar de los atabales: dieron un tajo al que estaba tañendo: le cortaron ambos brazos. Luego lo decapitaron: lejos fue a caer su cabeza cercenada.

Al momento todos acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren. A algunos les acometieron por detrás; inmediatamente cayeron por tierra dispersas sus entrañas. A otros les desgarraron la cabeza: les rebanaron la cabeza, enteramente hecha trizas quedó su cabeza.

Pero a otros les dieron tajos en los hombros: hechos grietas, desgarrados quedaron sus cuerpos. A aquéllos hieren en los muslos, a éstos en las pantorrillas, a los de más allá en pleno abdomen. Todas las entrañas cayeron por tierra Y había algunos que aún en vano corrían: iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos. Anhelosos de ponerse en salvo, no hallaban a donde dirigirse.

La matanza causó conmoción entre los mexicas; los guerreros muertos fueron incinerados en un lugar denominado Cuauhxicalco (Urna de águila).

Lo que más indignación causó en el pueblo fue la alevosía con la que actuaron los españoles.

Cortés le pidió a Moctezuma que intercediera por los conquistadores ante el pueblo azteca, sin embargo, el tlatoani fue apredreado en su intento. Las heridas que le causaron las pedradas ocasionaron la muerte del soberano azteca.

Los mexicas se lanzaron al ataque de los españoles a quienes consiguen derrotar en la que ha sido llamada como La Noche Triste.

De la matanza de Tóxcatl dan testimonio dos códices: el Códice Aubin y el Códice Florentino.

Con información del libro Visión de los vencidos de Miguel León Portilla y Toxcatl o el rapto de la música