El reparto del mundo. Aprende en Casa III Secundaria

El reparto del mundo. Aprende en Casa III Secundaria

Conocerás las causas económicas y políticas, que propiciaron el desarrollo del imperialismo, así como sus consecuencias en los mismos ámbitos.
El reparto del mundo
El reparto del mundo
Redacción | UN1ÓN | 28/01/2021 09:36

En la clase de Historia de primero de secundaria, se verá el tema: “El reparto del mundo”, con el que los alumnos identificarán el efecto transformador de la industrialización.

Como recordarás durante la sesión “¿Dónde y cuándo? El imperialismo”, para el estudio del tema, revisaste algunas caricaturas políticas de la época. 

¿Has escuchado hablar del coltán? Este mineral es esencial para las nuevas tecnologías, por ejemplo, es empleado como un gran conductor de energía en los teléfonos móviles, y la mayoría de los aparatos electrónicos dependen de él. El 80% de las reservas mundiales de este material se encuentran en África, en específico, en la República Democrática del Congo. 

Conoce más sobre este material y las repercusiones de su explotación a través de la lectura de dos reportajes: “Los minerales de sangre” y “La fiebre del coltán” de José Calatayud y Ramón Lobo, respectivamente. 

¿Qué hacemos? 

Lee y analiza el siguiente texto: 

“La zona este de la República Democrática del Congo (RDC) es de una belleza natural exuberante. Sin embargo, sus montañas, bosques y volcanes esconden otro atractivo menos agradable para la vista, pero más útil para el bolsillo: una riqueza mineral extraordinaria. En las numerosas minas esparcidas por la región de los Kivus, hombres, mujeres y niños excavan con sus manos o con herramientas muy básicas, durante larguísimas jornadas, en ocasiones 300 metros bajo tierra con apenas seguridad. Por esto suelen cobrar algo menos de un dólar al día. 

Para los habitantes de la región, esta riqueza mineral ha demostrado ser una maldición para la que parece no haber cura. Varios grupos armados congoleños, ruandeses y ugandeses siguen presentes [en la región] de los Kivus tras la guerra que asoló [el Congo] entre 1998 y 2003 y que provocó la muerte de unos 4,5 millones de personas. 

Estos grupos obligan a las poblaciones locales a trabajos forzados en minas bajo su control, extorsionan a los mineros mediante impuestos ilegales o directamente se quedan con parte de los minerales que éstos encuentran. El propio ejército congoleño participa de estas actividades. 

Tanto Ruanda como Uganda cuentan desde 1997 con el respaldo de Estados Unidos [de América], cuyas empresas lideran el sector de las nuevas tecnologías, una industria dependiente del coltán y del germanio, otro elemento estratégico para los microchips de alto rendimiento. [Al menos] treinta y cuatro empresas están acusadas de importar coltán y casiterita del Congo; de ellas, 27 son occidentales, la mayoría belgas, holandesas y alemanas. 

[Según la Organización de las Naciones Unidas, el tráfico ilegal de coltán es una de las razones de una guerra que, desde 1997, ha matado a un millón de personas] Además, las excavaciones indiscriminadas han ocasionado daños irreparables al ecosistema. Hace un año, la población de elefantes en estos parques era de 3,600; hoy apenas queda un par de familias. El caso de Garamba es más grave: desde 1995 han perecido cerca de 8,000 ejemplares. Los soldados matan a los animales para comerciar con el marfil (enviado a Uganda y Ruanda) y vender su carne en los mercados locales. Lo mismo sucede con los gorilas de la montaña. Hoy se calcula que existen entre 110 y 130 ejemplares, la mitad que, en 1996.” 

¿Cuáles son los cambios o permanencias que detectas entre la explotación de minerales en el Congo en la actualidad y el siglo XIX? 

Como lo estudiaste, el imperialismo se reconoce como una forma de organización política, socioeconómica y cultural basada en el dominio de un país sobre otro; donde la metrópoli domina sobre una colonia. Por ejemplo, Reino Unido fue una metrópoli que tuvo colonias en varios continentes. 

A partir de la década de 1870 y hasta las primeras décadas del siglo XX, naciones industrializadas, inicialmente europeas, emprendieron una política de expansión y ocupación de amplias regiones de todos los continentes para controlar sus recursos y economía, basándose para ello en la imposición de su gobierno, religión, idioma, compañías comerciales, bases militares, entre otros. 

En esta sesión te centrarás en conocer las causas económicas y políticas, que propiciaron el desarrollo del imperialismo, así como sus consecuencias en los mismos ámbitos. 

Los países industrializados generaban más productos de los que sus habitantes podían consumir. Por ello, buscaron mercados fuera de sus fronteras e invadieron militarmente algunas regiones para controlar sus mercados. 

Así, al mismo tiempo que aseguraban compradores para sus mercancías, también explotaban los recursos naturales de sus colonias y obtenían materias primas baratas para sus fábricas. Además, explotaban a los pobladores de los territorios colonizados, con lo que obtenían mano de obra gratuita o muy barata para sus industrias o empresas. 

Este control fue posible, en parte, por el desarrollo de innovaciones tecnológicas, entre ellas, en el transporte, que hicieron los viajes más cortos y baratos. Por ejemplo, en 1780, antes de la Segunda Revolución Industrial, la fragata “Nuestra Señora del Rosario La Marinera” demoró 399 días en cruzar el pacífico; pero en 1853, el SS Monumental City, primer barco de vapor en cruzar ese océano, lo logró en 65 días; por tierra, mismo efecto tuvieron los ferrocarriles. Esto facilitó, que, a finales del siglo XIX, los países que contaban con tecnologías de transporte y armamento pudieran ejercer control de otros territorios. 

Los países europeos se establecieron en África y Asia, debido a su riqueza natural: tenía oro, plata y otros metales, además de materias primas para la industria, como algodón, y colorantes. Si bien los europeos habían explorado las costas de África y de Asia desde el siglo XVI, hasta el XVIII, sería en las primeras décadas del siglo XX que se internarían en el continente y posteriormente establecerían sus colonias. 

Además de los motivos económicos, hubo causas políticas. Una de ellas fue el prestigio y el poderío internacional que obtenían los países imperialistas al dominar territorios y controlar sitios estratégicos. El orgullo nacionalista, entonces, impulsó a los países a expandir sus fronteras. 

Lideraba el Reino Unido, integrado por Inglaterra, Escocia y Gales, que, debido a su poderío marítimo y control de comercial en territorios de África y Asia, al iniciar el siglo XX tenía el control de una cuarta parte del planeta. Durante este periodo también había potencias otros como Estados Unidos, Francia y Alemania. 

Dentro de los países que luchaban por estar entre los más importantes se encontraban Japón, Italia, Rusia y Bélgica; otros intentaban no perder su auge del pasado, como el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Turco Otomano; y un último grupo lo formaban aquellos que a principios del siglo XIX habían perdido gran parte de sus colonias y tenían poco peso en el escenario mundial, como España, Portugal, Países Bajos y Dinamarca. 

Entremos en materia, como estudiaron, el imperialismo se reconoce como una forma de organización política, socioeconómica y cultural basada en el dominio de un país sobre otro; donde la metrópoli domina sobre una colonia. Por ejemplo, Reino Unido fue una metrópoli que tuvo colonias en varios continentes. 

A partir de la década de 1870 y hasta las primeras décadas del siglo XX, naciones industrializadas, inicialmente europeas, emprendieron una política de expansión y ocupación de amplias regiones de todos los continentes para controlar sus recursos y economía, basándose para ello en la imposición de su gobierno, religión, idioma, compañías comerciales, bases militares, entre otros. 

En esta sesión nos centraremos en conocer las causas económicas y políticas, que propiciaron el desarrollo del imperialismo, así como sus consecuencias en los mismos ámbitos. 

Los países industrializados generaban más productos de los que sus habitantes podían consumir. Por ello, buscaron mercados fuera de sus fronteras e intervinieron militarmente algunas regiones para controlar sus mercados. 

Así, al mismo tiempo que aseguraban compradores para sus mercancías, también explotaban los recursos naturales de sus colonias y obtenían materias primas baratas para sus fábricas. Además, explotaban a los pobladores de los territorios colonizados, con lo que obtenían mano de obra gratuita o muy barata para sus industrias o empresas. 

Este control fue posible, en parte, por el desarrollo de innovaciones tecnológicas, entre ellas, en el transporte, que hicieron los viajes más cortos y baratos. Por ejemplo, en 1780, antes de la Segunda Revolución Industrial, la fragata “Nuestra Señora del Rosario La Marinera” demoró 399 días en cruzar el pacífico; pero en 1853, el SS Monumental City, primer barco de vapor en cruzar ese océano, lo logró en 65 días; por tierra, mismo efecto tuvieron los ferrocarriles. Esto facilitó, que, a finales del siglo XIX, los países que contaban con tecnologías de transporte y armamento pudieran ejercer control de otros territorios. 

Los países europeos se establecieron en África y Asia, debido a su riqueza natural: tenía oro, plata y otros metales, además de materias primas para la industria, como algodón, y colorantes. Si bien los europeos habían explorado las costas de África y de Asia desde el siglo XVI, hasta el XVIII, sería en las primeras décadas del siglo XX que se internarían en el continente y posteriormente establecerían sus colonias. 

Además de los motivos económicos, hubo causas políticas. Una de ellas fue el prestigio y el poderío internacional que obtenían los países imperialistas al dominar territorios y controlar sitios estratégicos. El orgullo nacionalista, entonces, impulsó a los países a expandir sus fronteras. 

Lideraba el Reino Unido, integrado por Inglaterra, Escocia y Gales, que, debido a su poderío marítimo y control de comercial en territorios de África y Asia, al iniciar el siglo XX tenía el control de una cuarta parte del planeta. Durante este periodo también había potencias otros como Estados Unidos, Francia y Alemania. 

Dentro de los países que luchaban por estar entre los más importantes se encontraban Japón, Italia, Rusia y Bélgica; otros intentaban no perder su auge del pasado, como el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Turco Otomano; y un último grupo lo formaban aquellos que a principios del siglo XIX habían perdido gran parte de sus colonias y tenían poco peso en el escenario mundial, como España, Portugal, Países Bajos y Dinamarca. 

Todos los países que se mencionaron anteriormente acordaron reunirse en la Conferencia de Berlín de 1884, sólo Japón no fue invitado. Esta reunión internacional inició porque Bélgica, Portugal y Francia querían adueñarse del Congo, un extenso territorio en el centro de África. Sin embargo, algunos países expresaron que tenían deseos de fundar nuevas colonias en ese continente y la discusión alcanzó nuevas dimensiones. Desde luego, ningún país africano fue llamado a esta reunión. Como pueden observar en pantalla a través de la caricatura el rey Felipe II.  

Los países representados en Berlín acordaron que sólo un territorio africano conservaría su independencia: Liberia. El resto del continente fue repartido entre Reino Unido y Francia, que recibieron los territorios más extensos, aunque también Alemania, Italia y Bélgica recibieron territorios importantes, mientras que España y Portugal obtuvieron las porciones más pequeñas. 

Las colonias recibidas eran enormes en comparación con los territorios originales de cualquiera de esos países. Por ejemplo, el Congo Belga equivale a 76 veces el territorio que Bélgica tenía en Europa. Desde esta colonia, se extraían caucho y marfil. 

En pocos años los países europeos invadieron y se adueñaron, por la fuerza militar, de casi todo el continente. Hubo resistencia, como la de los zulúes y los ashantis que derrotaron en ocasiones al Reino Unido, el mayor imperio del mundo en ese momento. En Libia, que había pertenecido desde 1521 al Imperio Turco, hubo rebeliones cuando el territorio pasó a manos de Italia. Pero el único país que resistió la invasión europea fue Abisinia, hoy Etiopía. Los italianos, que ya habían invadido y conquistado Eritrea y Somalia, intentaron conquistar el Reino de Abisinia, que tenía alrededor de tres mil años de haber sido fundado, pero sus habitantes lucharon para mantener su independencia y expulsaron de sus tierras a los invasores italianos. 

Conoce más sobre las causas del imperialismo y su efecto en el continente africano a través del siguiente video, observa del segundo 00:23 al 04:56:   

  1. El colonialismo en África

 

El colonialismo también ocurrió en otros continentes entre el siglo XIX y principios del XX. Grandes extensiones de Asia fueron colonizadas por Reino Unido, Francia, Holanda, Rusia y el Imperio Turco Otomano; España también tuvo colonias, de las que se apoderó Estados Unidos de América, y Japón conquistó regiones vecinas. Por su parte, Reino Unido se apoderó de la mayor parte de Oceanía, pero también Estados Unidos, Francia y Holanda invadieron y crearon colonias. En América, el Caribe también permanecía colonizado, por ejemplo, Belice, que es un país con el que México comparte frontera, obtuvo su independencia del Reino Unido hace menos de cincuenta años. 

Conoce más sobre el colonialismo el Asía a través del siguiente video, observa del segundo 00:23 al 04:46: 

2.   El colonialismo en Asia

 

El imperialismo trajo múltiples consecuencias, políticas y económicas. En 1900, el nuevo siglo inspiró grandes esperanzas, muchos pensaron que la democratización, el crecimiento económico y los avances científicos asegurarían el bienestar de la humanidad. No fue así, la política expansionista generó tensiones entre las potencias que competían por la obtención de materias primas, colocación de mercados y posesiones en los continentes asiático y africano. 

Estos conflictos abrieron paso a una guerra mundial y una crisis económica mundial. Si bien para Europa, Rusia, Estados Unidos, Japón y el Imperio Otomano el imperialismo tuvo consecuencias positivas iniciales con el tiempo la competencia con otros imperios, y contra los movimientos nacionalistas de los dominados, derivaron en tragedias humanitarias. 

Los países imperialistas no tenían reglas de supervisión ni competencia en los territorios conquistados, podían dar tratos terribles a sus trabajadores, despojar a los indígenas de sus tierras y dañar el ambiente con tal de producir a bajos costos. 

El colonialismo creó miseria en los países conquistados, pero tampoco benefició a todos los que vivían en las metrópolis; muchas veces favoreció a sus gobernantes, a los dueños de las compañías y a los militares que realizaban misiones de conquista o podían adquirir más armamento y ampliar su poder. 

Otro efecto del colonialismo fue la creación de territorios que no consideraban dónde iniciaba y acababa el territorio de cada tribu. Muchas veces, los pueblos quedaban divididos por una frontera trazada por los europeos, o se dejaba dentro de un mismo territorio a tribus enemigas. Esto se ha traducido en guerras internas que subsisten hasta hoy, y provocan violencia, muerte, hambre y millones de desplazados. 

Además, los pactos entre los países imperiales no pusieron fin a los conflictos que tenían. Como ya señalamos, la gran cantidad de recursos que obtuvieron del saqueo les permitió contar con ejércitos más grandes y mejor equipados. Adicionalmente, no todos los países quedaban contentos con el tamaño de sus imperios. Alemania, Italia y Japón querían seguir creciendo, mientras que Rusia, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Turco Otomano estaban desesperados por defender sus posesiones y áreas de influencia. 

Tan pronto como una disputa entre países cada vez más débiles (el Imperio Austrohúngaro, Serbia y Rusia) creó una importante tensión internacional en 1914, estas potencias, y sus aliados, decidieron emplear la fuerza militar que habían acumulado e iniciar una guerra. Ésta fue la llamada Gran Guerra o Primera Guerra Mundial, que costó alrededor de 40 millones de vidas e involucró en distintos grados a alrededor de 60 países.

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