La farsa sobre el cadáver de Pancho Villa

La farsa sobre el cadáver de Pancho Villa

Sin embargo, existe una versión que señala que los restos exhumados en Parral no fueron los del Centauro del Norte
Redacción I UN1ÓN | 17/11/2017 19:15

La versión oficial señala que los restos de Doroteo Arango, mejor conocido como Pancho Villa, descansan en el Monumento a la Revolución, después de que fueran exhumados en 1976 del panteón civil de Parral, Chihuahua.

Paradójicamente, Villa descansa cerca de los restos de personajes con quienes, como se dice coloquialmente, no pudo verse ni en pintura, como Venustiano Carranza.

Sin embargo, existe una versión que señala que los restos exhumados en Parral no fueron los del Centauro del Norte, sino los de una mujer.

La versión se basa en rumores, anécdotas y dichos, de quienes recuerdan que en 1931 una de las viudas de Pancho Villa y Pedro Alvarado exhumaron en secreto los restos de José Doroteo Arango Arámbula, con el fin de evitar que fueran profanados. Al respecto hay que recordar que en 1926 fue abierta la tumba de Villa y fue robado su cráneo.

Según esta versión, la nueva tumba de uno de los héroes de la Revolución Mexicana se ubicó a 120 metros hacia el oriente de la tumba original y tenía el número 10.

“Para que no hubiera lugar a suspicacias, fue necesario conseguir otro cadáver para que ocupara la fosa original que tenía el número 632. Al parecer los restos que inhumaron ahí fueron los de una mujer joven que se dirigía a Estados Unidos a curarse de cáncer pero falleció en Parral; sin papeles que permitieran su identificación, la viuda de Villa y Pedro Alvarado se arreglaron con el encargado del panteón para que la sepultara en la tumba original de Villa. De esa forma, la desconocida mujer fue enterrada en la fosa 632”, detalla WikiMéxico.

“En 1976, el reportero Oscar W. Ching Vega, enviado especial de El Sol de México, fue autorizado por el general Galván, para fungir como exhumador. De acuerdo con su relato publicado el 18 de noviembre: ‘Se iniciaron los trabajos abriendo una horadación en un costado de la tumba; la perforación fue difícil por tropezar con el muro de concreto que se había construido después de la profanación de 1926… El féretro estaba totalmente destruido, quedando sólo algunos fragmentos de madera podrida, y por lo que respecta al esqueleto se veían algunos huesos también bastante deteriorados. Con un recogedor sacaron los restos del esqueleto y del féretro, los cuales fueron colocados en una urna que se trasladó a Durango y luego al D.F’”.

Sin embargo, entre los restos exhumados había botones de carey, trozos de encaje y un rosario en las manos del cadáver y tela de encaje.

“Se dice que el periodista Oscar Ching llevó dos huesos al notario público para que diera testimonio del traslado, ‘y en eso estaba, cuando el director de un hospital local, el doctor René Armendáriz, de oficio ginecólogo, comentó que le parecía que el sacro era femenino y de una mujer joven’”. 

A pesar de los señalamientos, las autoridades decidideron enterrar dichos restos en el mausoleo destinado para Pancho Villa, en una de las columnas del Monumento a la Revolución.